Los síntomas de la alergia varían en su complejidad, intensidad y manifestaciones orgánicas. En las personas atópicas, el efecto de la exposición al alergeno puede ser inmediato, con la aparición de eczema, rinitis, conjuntivitis, broncoconstricción, vómitos y diarrea y, de forma muy infrecuente, anafilaxia. Los síntomas pueden ser simples, como el prurito ocular, o complicados, como ocurre con el asma, la rinitis o la urticaria. Pueden ser leves o graves. Las reactivaciones crónicas pueden manifestarse en forma de reacciones cutáneas (eczema), y en el asma bronquial una inflamación presente en el tejido pulmonar puede provocar una crisis asmática tras la exposición al antígeno irritante. Las crisis asmáticas también pueden desencadenarse por otras causas distintas a las reacciones entre los alergenos y la IgE en los mastocitos.
La marcha de la alergia
Las manifestaciones de la enfermedad alérgica atópica, al igual que los alergenos implicados, varían mucho con la edad del paciente. En los niños, las causas más frecuentes suelen ser las alergias alimentarias al huevo y a la leche. A partir de los 3 años, la mayoría de los niños alérgicos toleran estos alimentos, y los alergenos inhalados pasan a ser la causa principal de alergia. En la infancia, los anticuerpos IgE específicos preceden generalmente a los síntomas clínicos, aunque éstos van adquiriendo más importancia con el tiempo (2). La mejor estrategia que puede adoptar el médico es estudiar todos los síntomas posibles relacionados con la alergia y su etiología.
Referencias:
- Saarinen M, Kajosaari M. Breastfeeding as prophylaxis against atopic disease: prospective follow-up study until 17 years old. Lancet 1995;346:1065-1069.
- Sigurs N, Hattevig G, Kjellman B, Kjellman N-I M, Nilsson L, Björkstén B. Appearance of atopic disease in relation to serum IgE antibodies in children followed up from birth for 4 to 15 years. J Allergy Clin Immunol 1994;94:757-763.